La noche en la que Telecinco no supo qué hacer con Rocío Carrasco

Fotograma de la entrevista en directo a Rocío Carrasco

A las dos y media de la mañana del miércoles, tras más de cuatro horas de riguroso directo, se escucharon tres últimas frases en el plató número 6 de Mediaset, normalmente reservado para los realities, antes de cortar la conexión.

Una de ellas fue de Jorge Javier Vázquez, que se despedía de la audiencia, las colaboradoras y Rocío Carrasco diciendo “bueno, esto ha sido un ensayo”. Otra fue de la protagonista del programa, que murmuraba: “a ver quién duerme esta noche”. En respuesta a esto se escuchó la frase más absurda de todas, por parte de Carlota Corredera, “pues nos vamos de fiesta”.

Este programa en directo, esta primera entrevista a Rocío Carrasco tras veinte años de silencio y tras la emisión de los ocho primeros episodios de su docuserie, fue anunciado como un evento histórico a la altura del debate electoral que se emitía simultáneamente en Telemadrid. Efectivamente, esta entrevista será recordada y estudiada, pero como ejemplo de falta de organización, falta de tacto y pésimas decisiones a la hora de abordar un tema como la violencia de género.

Jorge Javier comentaba de broma que todo había sido un ensayo y es dificil saber si intuía ya que el programa había sido un desastre absoluto o si todavía no se había dado cuenta porque la emoción del momento le impedía ser consciente del nivel de catástrofe. Desde luego, no le falta razón: todo el tratamiento de la docuserie de Rocío Carrasco está siendo para Telecinco una improvisación constante, intentando calcular con un cierto delay lo que funciona y lo que no, lo que el público está dispuesto a tolerar y lo que hace que la gente abandone la emisión por su propia salud mental.

Hizo falta un ridículo bochornoso en el primer episodio para llegar a la conclusión de que sortear dinero entre el público con música alegre y una sonrisa de oreja a oreja en medio de un relato de malos tratos tal vez no era la mejor idea.

Alguien debió de decidir, ya fuera él mismo o la cúpula del programa, que la propia presencia de Jorge Javier tampoco era la mejor decisión, ya que desapareció tras ese primer debate para cederle la batuta a Carlota Corredera, una opción muchísimo más lógica teniendo en cuenta la trayectoria profesional de cada uno y la temática y el tono que se buscaba para el formato.

Juntar a Jorge Javier y Carlota en un mismo programa no fue una buena idea. Los dos presentadores, poco acostumbrados a compartir cetro, se pisaban constantemente dando paso a colaboradores y leyendo el teleprónter, como si olvidaran todo el rato la presencia del otro. Carlota Corredera, que hasta este momento había hecho un papel más que digno, quedaba eclipsada por un Jorge Javier que parecía salido de los últimos diez minutos de un Sálvame Deluxe especialmente caótico en el que es un sábado a las dos de la mañana y ya nadie se toma en serio ni el programa, ni los temas ni a los propios invitados.

Uno de sus últimos comentarios fue completamente surrealista e injustificable, en un crescendo de despropósitos por parte de unos colaboradores que no entendían que esto no era una entrevista cualquiera. María Patiño, completamente decidida a acabar con el cariño que siempre había recibido por parte de la audiencia, le preguntaba a Rocío Carrasco, sin ningún tipo de tacto o escrúpulos, “¿crees que el fin último de Antonio David era que te suicidaras?”. Y como esa pregunta no era lo suficientemente horrorosa, entre risas, Jorge Javier añadía: “hombre, pero para que viera a sus padres”, en referencia a que tanto el padre como la madre de Rocío Carrasco fallecieron cuando ella tenía tan solo veinticuatro y veintinueve años respectivamente.

Carlota Corredera tenía claro cómo había acabado la noche, como algo digno de celebrar, “pues nos vamos de fiesta”, decía alegre. No le faltan motivos, el documental ha llegado a tener un 33’2% de audiencia y 3.5M espectadores. Y lo que es más importante, ha dado lugar a semanas y semanas de contenido televisivo para nutrir a otros programas de la cadena como Sálvame, Socialité, El programa de Ana Rosa o Viva la vida. Incluso Supervivientes, su reality estrella, está exprimiendo la polémica gracias a la maquiavélica decisión de incluir en su reparto a la pareja de Antonio David, sabiendo de antemano el testimonio de Rocío, sabiendo que la pareja de su maltratador haría todo lo que estuviera en su mano para hundirla y defender a su marido y, sobre todo, sabiendo que coincidirían en parrilla.

La frase más importante de estas últimas es precisamente la que más bajito sonó, tal vez incluso pensando que ya no entraría en directo. La protagonista de este relato, después de aguantar preguntas como “si sufrías tanto, ¿por qué no se te notaba?” o “pero, ¿tú crees que tu hija (que recordemos que fue condenada por malos tratos tras meterle una paliza para escenificar un conflicto que le permitiera denunciar falsamente a su madre como maltratadora) te quiere?”, suspira por fin tras sobrevivir al linchamiento y murmura lo mismo que estaba pensando la mayor parte de la audiencia, “a ver quién duerme esta noche”.

Una de las claves para entender cuál ha sido el sentido de toda esta bochornosa performance se daba casi al final del programa, cuando, después de horas de preguntas y conjeturas absurdas, una psicóloga le preguntaba si la docuserie le estaba sirviendo como terapia de reparación y Rocío afirmaba contundente que sí, que muchísimo.

Rocío está usando para curarse los mismos platós y a las mismas personas que la destruyeron. Rocío quiere cerrar heridas. Telecinco quiere abrirlas y hacer todo lo que esté en su mano para que se infecten. Que den lugar a otras heridas y que la sangre nunca deje de fluir.

Rocío Carrasco apostó por un formato cerrado que respetase sus tiempos y su relato, pero Telecinco siempre quiere más. Quiere saber cómo le pegó exactamente su hija. Quiere saber cómo se llamaba esa mujer con la que su marido le puso los cuernos estando embarazada. Quiere saber si se lleva mal con su familia. Quiere saber si la grandísima Rocío Jurado era en realidad una cobarde.

Rocío Carrasco quiere cerrarse y sanar tras veinte años viendo como otros manoseaban las heridas. Telecinco quiere abrirla en canal y dejar que cada cual pase y picotee hasta que el público se canse y puedan tirar su cadáver para coger otro más fresco y jugoso.

Espero de corazón que Rocío sea una décima parte de lo fría y manipuladora de lo que la acusan quienes sacan semana tras semana hashtags como #carrascomiente. Espero que utilice a Telecinco tanto como lo necesite y que una vez que este espectáculo dantesco deje de sentarle bien, desaparezca. Que se vaya en paz habiendo contado su verdad, habiendo ayudado a miles de mujeres y habiéndose ganado el respeto eterno de otras tantas, y que no dé ni un minuto más de morbo a quienes llevan veinte años destrozándola y de buena gana se pasarían otros veinte.

Espero que Rocío Carrasco duerma plácidamente algún día y que sean otros los que se queden despiertos preguntándose de nuevo cuál fue su papel en esta historia y cómo pudieron hacer lo que hicieron.

Muchos sentimientos y pensamientos y cero intenciones de pedir perdón por ello

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